Notas sobre… supongo que las elecciones, pero en definitiva van sobre algo más:

Notas sobre… supongo que las elecciones, pero en definitiva van sobre algo más:

Culumna de opinión:

¿Ustedes han visto volar a las lapas? Siempre vuelan de a dos. Una piensa que es tierno que anden juntas, pero de pronto llegan a un árbol y se agarran a picotazos, haciendo una gran bulla.

Desde que me vine a vivir al Pacífico se ven lapas por todas partes. En Golfito cruzaban de un lado a otro del golfo, como quienes salen a trabajar bien temprano en la mañana y regresan a su casa en la tarde-noche. Eso fue lo que aprendí viviendo allá: que es el trabajo arduo lo que ha forjado estos pueblos; en el trabajo están sus orígenes.

Cuando la compañía bananera decidió instaurarse en esta costa, hace casi 90 años, flujos migratorios de familias trabajadoras llegaron de todo el país y de otros países. Ya la Yunai había exprimido el Caribe y venía por más, gracias a una alfombra roja extendida por los gobernantes, que desde décadas atrás habían decidido entregar buena parte del territorio nacional a esta empresa transnacional. Se dejó a merced de su suerte el destino de estas familias que se vinieron a encontrar empleo en las zonas bananeras.

Por picardía y por buenas influencias, recuerdo cuando, posterior al referéndum del TLC, leí Marco Ramírez. Yo, una adolescente clasemediera, de un buen pueblo herediano, inicié el viaje por la historia de este país hacia territorios que no conocía, donde la gente moría recogiendo banano, picada por serpientes, con el barro hasta las rodillas, esperando que llegara el tren. El libro hablaba de sueños, tristezas, enfermedades, alcohol, de amor, de dinero, de protestas y de represión.

Hoy, 2 de febrero de 2026, desde Quepos pienso: pucha… cómo tenemos que recordar estas historias. Sin ellas es difícil entender lo que está pasando en este país.

Para hacer el cuento corto: los tiempos de la bananera nunca se fueron. Bueno, sí se fueron, pero se quedaron. Los políticos de este país, abanderados bajo Liberación Nacional, dieron paso a la palma después del banano, quitaron los trenes y le dieron paso a los tráileres. Las casas de empresarios y amigos, en paradisíacos rincones de la costa, se abrieron para transformarse en hoteles de lujo.

Las familias trabajadoras pudieron diversificar su trabajo; pero no su patrón: los gringos y las élites políticas de este país siguen siendo dueños y señores de las costas. Se trabaja mucho y se gana poco.

Hoy quizá vivo en uno de los lugares más desiguales de Costa Rica. La desigualdad es tan evidente que incomoda. ¿Cuánto valdrá un hotel en Manuel Antonio? ¿Usted ha visto cómo está la escuela de Boca Vieja? ¿Ha intentado comer en Quepos? ¿Ha visto el bus de las diez de la noche de Manuel Antonio? ¿Sabe a qué hora entró esa gente con uniforme hotelero que va de vuelta a su casa?

¿Ha intentado comprar pescado en San José, qué caro, verdad? ¿Sabe a cuánto le pagan el pescado a los pescadores? ¿Sabe cuánto gana un pescador? ¿En qué condiciones viven cuando zarpan dos semanas al mar? ¿Sabe por qué la gente trafica drogas? ¿Sabe cuánto vale cada yate de la marina, cuánto cobra la marina por parquear? ¿Sabe entonces dónde tiene que parquear la gente que no puede pagarle a la marina? A mí me parece que donde les toca parquear es un manglar. ¿Sabía usted que Óscar Arias impulsó la Marina de Quepos, contra la oposición de mucha gente local?

Recuerdo que aquí, en el Pacífico, se gestaron algunas de las huelgas más importantes de la historia de este país, de las cuales resultaron buena parte de los derechos laborales que hoy, en alguna medida, disfrutamos. El costo de esas huelgas se pagó con hambre. Los gobiernos, uno tras otro, se encargaron de precarizar a las masas de familias trabajadoras que reclamaban dignidad; encarcelaron y exiliaron a líderes y lideresas del movimiento. Y nos han hecho olvidar esta parte de nuestra historia.

¿Hoy quién le agradece a las familias de los puertos bananeros que se le plantaron a la mayor empresa transnacional del continente y que, gracias a ellas y ellos, disfrutamos de vacaciones, aguinaldo y salario mínimo? ¿Se imagina ir a trabajar y que le paguen con una bolsa de café y una libra de arroz? A veces creemos que los derechos nos cayeron del cielo o, aún peor, que nos los regalaron los presidentes.

Fueron grandes personas — maestras, maestros y personas trabajadoras— quienes, por ejemplo, se encargaron de traerse abajo a algunos de los gobiernos más autoritarios que ha tenido Costa Rica. Recordemos que aquí se vivió un golpe de Estado en 1917, que dio paso a la dictadura de los Tinoco hasta 1919, y que fue derrotada gracias a la movilización y las manifestaciones multitudinarias.

Ahí están nuestras raíces. Y es que no solo estaban en San José manifestándose cada tanto, sino que también se movían a apoyar a personas de otros lados, a llevar información, a escuchar, a entender lo diverso que es este territorio nacional; la diferencia de vida que hay entre el norte y el sur, entre las montañas y las costas.

Muchas de estas valientes personas que se organizaban eran mujeres maestras, con una gran empatía frente a las injusticias. Escribían libros, escribían cuentos, creían que no existe cambio político sin educación. No esperaban a que los gobernantes lo resolvieran todo: ellas hacían y creaban, construían kínderes y luego exigían que el gobierno las apoyara.

¿Cuánto tenemos que aprender del pasado? Quizá ahí está la respuesta que andamos buscando hoy, después de lo que se sintió como una derrota electoral porque no ganó quién… ¿Liberación Nacional? Desde hace tiempo las cosas no vienen bien, y es necesario sentarnos a estudiar, a recordar, para construir una nueva propuesta que no se base en la desigualdad entre la ciudad y la costa, sino que reivindique una vida digna y justa para la población en general. Una propuesta que nos haga movilizarnos y proponer, y no esperar los próximos cuatro años para que los politiquillos nos resuelvan.

Que viva la memoria de las huelgas Bananeras.
Abajo la dictadura de los Tinoco.
Abajo la Segunda República de Liberación Nacional, y la tercera, cuarta o quinta república que se quieran inventar.
Que viva la solidaridad, el cariño y la naturaleza de esta tierra que llamaron Costa Rica.

Los textos publicados en la columna de opinión de Radio 8 de Octubre son enviados por personas oyentes y lectoras, y no necesariamente representan la posición de este Colectivo de Comunicación. Que los pensamientos y reflexiones vivan y vuelen libres, como las semillas.

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