ESTAMOS EN DANLÍ, ESTAMOS EN LA LUCHA

De repente la ciudad de Danlí, El Paraíso, Las Manos se han convertido en el baluarte de la resistencia nacional contra el golpe de Estado, el interés nacional y mundial se ha trasladado a la frontera Hondureño-nicaragüense. A pesar de estar a solo dos horas de tiempo de la ciudad capital, llegar a la frontera está costando días a los manifestantes que de todas partes del país se están movilizando en estos momentos a esta frontera.

Como un gigantesco imán, este pedazo de la geografía nacional está atrayendo a miles de compatriotas que están corriendo todo tipo de riesgos para llegar a la frontera de Las Manos. Esto es interesante pues nos llama a reflexionar sobre lo que está pasando con la manera de ver las cosas del hondureño promedio. Si consideramos la apatía que nos ha caracterizado en este tipo de luchas el asunto cobra especial importancia.

Y es que una cosa es estar en la capital, con todas las comodidades, después de la marcha nos vamos al cine o a tomarnos un cafecito por ahí y todo bien. Las cosas son diferentes acá cerca de la frontera. Los compañeros están desde días intentando romper retenes a lo largo de los 130 kilómetros que nos separan de Tegucigalpa a la frontera. Está lloviendo, se sufre de hambre, no se tiene ropa para cambiarse, no hay donde bañarse, hay que caminar durante horas para avanzar un poco.

Las montañas presencian el paso de compatriotas furtivamente, como si se tratase de delincuentes, hemos tenido que tomar veredas y caminos olvidados para no toparnos con la presencia represora del policía canalla o del militar infame que te ve a los ojos y te pregunta “No van a hacer relajo verdad? Si es así no los dejamos pasar.” Hasta hace 28 días teníamos un país, ahora nos lo ha arrebatado.

En Villas del Sol, hoy por la mañana estaban los compañeros esperando un aventón para venirse, nosotros decidimos hacer lo mismo, no se puede hablar sin ser consecuente, no se puede escribir sin vivir lo que los demás están viviendo. Sentimos la indignación por los atropellos de los militares y policías en el camino, los registros y las miradas acusadoras hacia hombre y mujeres. Sentimos que estábamos en otro país, no en nuestra querida Honduras. Hoy más que nunca sentimos todos la indignación por la patria arrebatada.

Es increíble, pero para poder pasar un retén entre San Matías y Jacaleapa, los policías le pedían a los vehículos un galón de combustible. Si se les daba combustible te permitían circular, sino NO. No acabo de entender en qué país estamos. Quizás en este momento sea desordenado al escribir, quizás algunas ideas no se relacionen ni encajen muy bien con otras, pero les pido amigos y amigas su comprensión. A esta altura tenemos un día duro sobre nuestras espaldas, nos hemos mojado, hemos caminado, hemos aguantado hambre y falta mucho todavía.

Creemos más que nunca que esta semana es decisiva para el movimiento, Los usurpadores están desesperados, el Estado de Sitio declarado para esa zona no es más que una medida desesperada, es un último intento por detener la razón popular. Acá en Danlí el pueblo está empezando a levantarse y a cobrar conciencia del papel histórico que le ha tocado asumir. Las sedes de los sindicatos y de los gremios magisteriales están alojando a los compatriotas que hemos logrado llegar hasta acá. En el Arenal, pequeña comunidad a 4 kilómetros de Danlí, centenares de compatriotas son víctimas de un secuestro colectivo. No los dejan avanzar ni los dejan regresar. Los militares y policías cobardes no saben qué hacer con tantas personas.

Hoy quiero compartir con ustedes compañeros la indignación y la alegría, sentimientos encontrados. La indignación del ultraje, la indignación de las garantías perdidas, de las violaciones a los derechos humanos, la indignación de ver al militar adueñado de nuestro país. La alegría de sentir el abrazo fraterno de los compañeros en el camino, del motociclista que nos arroja bolsas de agua en el camino.

La alegría del compatriota que te pregunta para donde vamos y cuando sabe que somos resistencia te dice “Si nos para el ejército digan que vamos a traer un enfermo al hospital”. Las personas que nos dan ánimos para llegar a Danlí, para avanzar al siguiente retén. Desconocidos nos encontramos por las calles, y todos vamos a lo mismo. Compartimos una sonrisa de complicidad. Vemos el brillo en los ojos de la gente, sabemos que vamos en busca de la libertad.

Hoy hemos aprendido nuevas cosas en geografía, en Sociología, no digamos en Historia, en política y otras tantas Ciencias Sociales. Hemos conocido rutas y caminos clandestinos, estamos librando una gran batalla y la estamos librando desde el campo, no la estamos viendo por televisión y eso nos llena de gozo. Comparto con todos y todas ustedes este pensamiento desde “la Ciudad de Las Colinas”, durmiendo donde amigos, esperando que amanezca para continuar, esperando el día para desafiar este criminal Estado de Sitio.

Estoy seguro de que estamos cumpliendo con un deber histórico, patriótico. No quiero ver a los ojos de mis hijos y decirles que me quedé en la casa mientras la patria era secuestrada, mientras nuestra institucionalidad era pisoteada por la bota militar. Me daría vergüenza explicarle a mis hijos que no hice nada por heredarles una patria mejor. Eso sería peor que las penas que estamos pasando para llegar a la frontera.

Páginas nuevas se están escribiendo en nuestra historia, nuevas letras y nuevas plumas la están escribiendo. Nadie va a decir más que Honduras es tierra de agachados, de cobardes, le estamos dando al mundo una muestra de dignidad, de rabia, de ternura.

Docente de Geografía, departamento de Ciencias sociales.

Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

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